Buen día, ¿Cómo te encuentras hoy? – Bien, como siempre…

– El “como siempre“, no dice mucho, ¿qué nos pasó anoche?, me gustaría que investiguemos allí un poco, ¿quieres?

– Ayer, cuando por fin decidiste cerrar la computadora, yo me dije ¡por fin!, pues ya estaba bien cansado, en realidad, estar sentado sin moverme más de dos horas me cansa bastante y más porque me olvido de cuidar mi postura…

– No bien estuvimos horizontales nos dormimos inmediatamente, cerca de tres horas, creo, pero después, ¿Qué nos pasó?

– Ya necesitaba desechar líquidos y te avisé, y todo fue normal, pero después no sé, yo creo que vos comenzaste a pensar, yo sentí que había demasiados gases dentro de mí, y comenzamos con esa secuencia de momentos en que cada uno influye en el otro, y ya nos es imposible dormir… Y cuando me pediste que me siente, y me abrigaste, pues realmente se había enfriado la habitación, la verdad es que ¡no quería!, lo que deseaba era seguir durmiendo, abrigada bajo ese cariñoso plumón que nos protege…

 – Yo tampoco quería, también prefería dormir, pero comprendí que no nos quedaba otra, y te sentí aceptar, y juntas hicimos la práctica respiratoria, y como otras veces, ésta vez, también funcionó, y me asombró la cantidad de gases que pudiste eliminar, y me pregunto: ¿Qué fue lo que los produjo?

 – La comida fue similar a la de todos estos días…, ayer fue un día tranquilo en que llovió todo el día, donde estuviste, según mi apreciación, bastante relajada… La verdad es que no se me ocurre qué me pudo afectar así…

 – Ahora recién lo pienso, hoy a las 15 horas nos pasará a buscar mi amiga y saldremos de viaje, quizás ya hubiera habido anoche una alteración vibracional que impidió una buena digestión de la cena… Ni me di cuenta, ambas somos hipersensibles, tanto en el aspecto emocional como en el físico, y no tenemos que olvidarlo. ¡Gracias por este compartir!