Hoy me encontré recreando ese mundo en el que elijo vivir. Un mundo en el que, por lo menos de a ratos, dejamos en descanso la mente, y recién allí comenzamos a escuchar al corazón, o al alma… Para eso no hay duda que la mente debe haberse aquietado, cada uno encuentra su manera, y en mi caso, es justo antes de dormirme, a veces, o cuando medito, cuando saco yuyos, y a veces también al momento de despertar…

¿Qué cómo me doy cuenta? Pues allí me siento en paz, y aparecen ideas que me sorprenden, y me digo, “esto viene de otro lado…”, me sacan de lo acostumbrado, de lo habitual, de mí círculo de confort, aparecen como desafíos que me entusiasman, y les falta la lógica del provecho propio.

Ahora me lo explico así: “es por atracción energética”. Al dejar de parlotear la mente, de quejarse y criticar, puede aparecer esa simpleza, inocencia, y bienestar del corazón, y esa energía atrae a las similares que están en la Matriz Divina, o Conciencia Universal, formada por todas las conciencias individuales en constantes cambios.

Cuando la mente deja de desconfiar y de complicar las cosas, recién allí el corazón se abre, y te sientes tan bien, que la gratitud y el amor surgen y se irradian hacia afuera, hacia todos. Me resulta muy difícil explicarlo con palabras, pero en algunos momentos, estando en la montaña arriba, luego del esfuerzo que eso significa, pude sentir tan gran “felicidad” que rebalsaba por todos los poros de mi cuerpo, la mente no estaba, había desaparecido, y el corazón saltaba de gozo.

Era otra calidad de energía, y en momentos así, pueden aparecer esas ideas sorpresivas… “Para el bien de muchos”